Nunca me gustaron las fotografías tamaño carné. Desde pequeño salía más feo que Quasimodo. De acuerdo, reconozco que soy poco agraciad...
Foto Carné
Una crónica de Javier Baldeón. E l avión de Patricia aterrizó a las tres de la madrugada. Habían sido dieciséis horas de viaje con e...
Patricia en el desierto
Por Joe Sánchez Desde que te conozco voy en busca de ese poema, ya es de noche. Los relojes se detienen cansados en su marcha, la m...
El último viaje
Por Joe Sánchez
| Camino a Machu Picchu por los rieles del tren. |
Un relato de Gianni Alfredo Biffi publicado en "Su póliza no cubre esta eventulidad, Sr. Samsa" T hen time will tell just ...
Autorretrato

Por Manuel Terrones. A nadie debe serle familiar el nombre de Roberto Nolasco, escritor pisqueño cuya figura, posible gran prom...
Roberto Nolasco: Un mensaje en una botella
Por: Yasser Zola. Y me pregunto ¿Quién es este ser dorado? La arena es una cortina endeble. El sol hace juego con ella, pero es permanen...
De muerte
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| Detalle del último cartel diseñado para una corrida en Barcelona, en 2011, del artista español Miguel Barceló. |
Por: Pablo Ignacio Chacón. A diferencia de lo que ocurre cuando ves una película o escuchas música, ante un libro no es la obra si no tú...
Juguetes de la historia
A diferencia de lo que ocurre cuando ves una película o escuchas música, ante un libro no es la obra si no tú el que decide la velocidad a la que irrumpe en tu cerebro. Puedes poner "pausa" las veces que quieras pero también "rebobinar", releer y re imaginar una escena que acabas de leer de una manera completamente distinta: Con otros colores, otras caras, otro sonido de fondo, otra temperatura, más o menos luz o hasta olores particulares. Y puedes hacer todo eso sin que el libro deje de ser el mismo que estabas leyendo hace sólo un momento. Incluso puedes darte el lujo de retirarlo de tu vista y quedarte mirando al frente (a la pared o a la nuca del pasajero que está en el asiento de adelante del bus) pensando en lo qué harías o sentirías tú si en vez de ser el anodino protagonista de tu propia y olvidable historia fueras uno de los personajes del cuento o la novela que estás leyendo. Y lo mejor de todo es que esa "pausa para volar" no será una interrupción real de tu lectura, sino parte esencial de ella. Es la forma que tiene un libro para colonizar el espacio que hay afuera de él e inundar -a veces sólo por un momento, a veces para el resto de tu vida- tu realidad.
No he leído todo lo que quisiera y, mucho menos, todo lo que debería haber leído, pero he tenido la suerte de experimentar esas sensaciones más de una vez gracias a textos memorables. Pero admito que me había pasado tanto en un solo libro, como me ha ocurrido con Guerra y Paz.
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| A propósito de uno de los puntos culminantes de la historia, el incendio de Moscú. |
Hipérboles aparte, es seguro que eso se debe al momento en que leí esta novela pero, también, a que en ella ocurren tantas cosas, se dicen tantas frases ingeniosas y cohabitan tantos personajes complejos y creíbles que es inevitable sentirse desbordado. Todos los cánones la consideran y un montón de tratados la desmigajan. Y solo por eso es probable que una sola lectura sea insuficiente para ganarme el derecho de comentarla por escrito... Pero, la verdad, mientras leía y hacía esas "pausas" que mencionaba al principio, los dedos me picaban y no podía evitar tomar apuntes. Tengo que ponerlos en algún lado. Así que ahí van...
Por: Javier Baldeón Una familia vuelve a su casa. Se la ve cansada, sucia, hambrienta. El viaje debe de haber sido largo. Cuando tod...
El amo del bisturí
Por: Joe Sánchez. Raudo, sorteando baches y curvas cerradas, el bus avanza por la trocha sacudiendo su vieja carrocería. -¿Dónde...







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