Por Manuel Terrones.
A nadie debe serle familiar el nombre de Roberto Nolasco, escritor
pisqueño cuya figura, posible gran promesa de las letras peruanas, pasó
desapercibida debido a su casi nula producción. Casi, digo, porque un hallazgo
que realicé hace unos días en el conocido jirón Amazonas del centro de Lima
podría salvar a este pensador de su injusta permanencia en el anonimato. Para
empezar, me llamó la atención encontrar entre las ofertas de libros de un sol una
libreta, escrita con tinta azul y una caligrafía apresurada que revelaba su ansiedad
por comunicar. El vendedor, que no supo explicar su procedencia, accedió a
regalármelo al ver que llevaría conmigo un par de viejos Anagramas forrados con
vinifan y un poemario de César Moro. De vuelta a casa confirmé que las
anotaciones llenaban la libreta y que, a pesar de los rápidos trazados, se podía
leer con comodidad el contenido, fechado en los primeros meses del año 1953.

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