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Matemático de profesión, burócrata por necesidad, crítico eventual y, luego, administrador de un teatro, el irlandés Abraham Stoker (más ...
No espero ni pido que alguien crea en el extraño aunque simple relato que me dispongo a escribir. Loco estaría si lo esperara, cuando mi...
El gato negro (Poe)
No espero ni pido que alguien crea en el extraño aunque simple relato
que me dispongo a escribir. Loco estaría si lo esperara, cuando mis sentidos
rechazan su propia evidencia. Pero no estoy loco y sé muy bien que esto no es
un sueño. Mañana voy a morir y quisiera aliviar hoy mi alma. Mi propósito
inmediato consiste en poner de manifiesto, simple, sucintamente y sin
comentarios, una serie de episodios domésticos. Las consecuencias de esos
episodios me han aterrorizado, me han torturado y, por fin, me han destruido.
Pero no intentaré explicarlos. Si para mí han sido horribles, para otros
resultarán menos espantosos que barrocos. Más adelante, tal vez, aparecerá
alguien cuya inteligencia reduzca mis fantasmas a lugares comunes; una
inteligencia más serena, más lógica y mucho menos excitable que la mía, capaz
de ver en las circunstancias que temerosamente describiré, una vulgar sucesión
de causas y efectos naturales.
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| Edgar Allan Poe, por CrisVector |
Desde la infancia me destaqué por la docilidad y bondad de mi carácter.
La ternura que abrigaba mi corazón era tan grande que llegaba a convertirme en
objeto de burla para mis compañeros. Me gustaban especialmente los animales, y
mis padres me permitían tener una gran variedad. Pasaba a su lado la mayor
parte del tiempo, y jamás me sentía más feliz que cuando les daba de comer y
los acariciaba. Este rasgo de mi carácter creció conmigo y, cuando llegué a la
virilidad, se convirtió en una de mis principales fuentes de placer. Aquellos
que alguna vez han experimentado cariño hacia un perro fiel y sagaz no
necesitan que me moleste en explicarles la naturaleza o la intensidad de la
retribución que recibía. Hay algo en el generoso y abnegado amor de un animal
que llega directamente al corazón de aquel que con frecuencia ha probado la
falsa amistad y la frágil fidelidad del hombre.
Clemente Palma fue hijo de Ricardo, el gran tradicionalista peruano. A diferencia de este, sin embargo, alcanzó escasa celebridad t...
Los ojos de Lina (Clemente Palma)
Clemente
Palma fue hijo de Ricardo, el gran tradicionalista peruano. A
diferencia de este, sin embargo, alcanzó escasa celebridad tras su
muerte, lo que quizás se deba a una serie de hechos nada felices de su
biografía. En 1897 sustentó en la Universidad
de San Marcos la tesis “El porvenir de las razas en el Perú”, en donde
sostiene que la población indígena, negra y asiática está condenada a
desaparecer del país por decrépita e inferior. En 1917 calificó de
“burradas” y “mamarrachos” los versos de un poema que un joven César
Vallejo le había enviado con la esperanza de verlos publicados en la
revista Variedades, donde Clemente era director. Entre 1919 y 1930 fue
diputado y colaborador del leguiismo, el mismo régimen que había
encarcelado o mandado al exilio a buena parte de los intelectuales de su
época.
Pero Clemente Palma también fue un notable
cuentista. Los críticos han llamado la atención sobre su estilo racional
y oscuro, que se aleja de los temas costumbristas y jocosos que cultivó
su padre. De la positiva influencia que asimiló de autores como Poe y
Maupassant, o de la temprana introducción que hizo en el Perú de géneros
literarios tan modernos como el fantástico o el de terror. En suma, Palma es poseedor de una obra cuyo valor debería ser aquilatado
por sobre su vida. Recordar quién fue y las corrientes de pensamiento a las que se
asimiló. Pero sin olvidar que merece una lectura que respete el criterio estético y haga justicia al talentoso escritor que fue.
El cuento que compartimos a continuación fue publicado originalmente en 1901 y formaría parte después de la recopilación de sus relatos cortos (Cuentos Malévolos) aparecido en 1904. “Los ojos de Lina” suele figurar en antologías del cuento peruano y es catalogado, con justicia, el relato de mayor maestría de su autor. [Reseña por Javier Baldeón]
El texto que aquí consignamos, el relato más famoso y celebrado de su autor, fue publicado por primera vez el 13 de noviembre de 1913 en...
El Caballero Carmelo (Relato completo)
El
texto que aquí consignamos, el relato más famoso y celebrado de su
autor, fue publicado por primera vez el 13 de noviembre de 1913 en el
diario limeño La Nación. Posteriormente Valdelomar lo publicaría junto
con un grupo significativo de relatos en un volumen homónimo en 1918.
EL CABALLERO CARMELO
Por: Abraham Valdelomar
I
Un día, después del desayuno, cuando el sol empezaba a calentar, vimos aparecer, desde la reja, en el fondo de la plazoleta, un jinete en bellísimo caballo de paso, pañuelo al cuello que agitaba el viento, sanpedrano pellón de sedosa cabellera negra, y henchida alforja, que picaba espuelas en dirección a la casa.
Reconocímosle. Era el hermano mayor, que años corridos, volvía. Salimos atropelladamente gritando:
–¡Roberto, Roberto!
Entró el viajero al empedrado patio donde el ñorbo y la
campanilla enredábanse en las columnas como venas en un brazo y
descendió en los de todos nosotros. ¡Cómo se regocijaba mi madre!
Tocábalo, acariciaba su tostada piel, encontrábalo viejo, triste,
delgado. Con su ropa empolvada aún, Roberto recorría las habitaciones
rodeados de nosotros; fue a su cuarto, pasó al comedor, vio los objetos
que se habían comprado durante su ausencia, y llegó al jardín.
Si la historia es el espejo donde las generaciones por venir han de contemplar la imagen de las generaciones que fueron, la novela ...
Clorinda Matto justifica su escritura
Si la historia es el espejo donde las generaciones por venir han de contemplar la imagen de las generaciones que fueron, la novela tiene que ser la fotografía que estereotipe los vicios y las virtudes de un pueblo, con la consiguiente moraleja correctiva para aquéllos y el homenaje de admiración para éstas.
Es tal, por esto, la importancia de la novela de costumbres, que en sus hojas contiene muchas veces el secreto de la reforma de algunos tipos, cuando no su extinción.
En los países en que, como el nuestro, la Literatura se halla en su cuna, tiene la novela que ejercer mayor influjo en la morigeración de las costumbres, y, por lo tanto, cuando se presenta una obra con tendencias levantadas a regiones superiores a aquéllas en que nace y vive la novela cuya trama es puramente amorosa o recreativa, bien puede implorar la atención de su público para que extendiéndole la mano la entregue al pueblo.
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